Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información

Aforismo

Literatura
Baltasar Gracián, acto conmemorativo del cuarto centenario de su nacimiento.

Baltasar Gracián: Oráculo manual y arte de prudencia

Baltasar Gracián es una de las figuras cimeras del Siglo de Oro, comparable a ilustres y coetáneos suyos como Quevedo y Lope de Vega, aunque no tan reconocido como ellos. Nació en Belmonte de Calatayud –desde 1985 pasó a llamarse Belmonte de Gracián en su honor–, provincia de Zaragoza, en 1601. Estudió Humanidades en el colegio jesuita de Toledo y entró en la Compañía de Jesús a los dieciocho años. Tras dos años de noviciado, estudió dos años de Filosofía y cuatro de Teología. Durante sus estancias en Huesca trabó amistad con el mecenas aragonés Juan Vincencio de Lastanosa, quien pronto se convertiría en su valedor. En la casa de éste conoció asimismo a otros intelectuales destacados como Uztarroz y Salinas, habituales de los cenáculos a los que era dado el anfitrión.

Gracián se inscribe dentro del conceptismo. Todas sus obras se caracterizan por un estilo alambicado e ingenioso, a un tiempo, y por un tono didáctico heredado de Esopo y Marcial, dos de sus referentes. Su libro más divulgado es el ‘Oráculo manual y arte de prudencia’, al que pertenecen muchos de los aforismos que he querido recoger en este artículo, por considerar que son observaciones agudas de la vida y consejos que no envejecen con el paso de los siglos. Al lector avisado siempre le pueden ser útiles, hasta el punto de sentirse identificado con muchos de ellos. Retrato clásico de Baltasar Gracián con su característico bonete.El resto de sentencias provienen de ‘El discreto’, obra de menor envergadura que nuestro autor utilizó como nutriente del ‘Oráculo manual’. Gran parte de sus ideas aparecen reformuladas en diferentes libros, pues en su perfeccionismo siempre buscaba la expresión más certera.

El ‘Oráculo manual’ recuerda mucho a ‘El cortesano’, de Baltasar Castiglione, y a ‘El príncipe’, de Nicolás Maquiavelo. Si el escritor florentino confiaba su tratado a la gloria eterna de Lorenzo de Médicis, Gracián dedica sus obras al príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV, y al señor don Luis Méndez, sucesor del conde-duque de Olivares.

Todos los libros de Gracián, excepción hecha de ‘El comulgatorio’, abordan una temática mundana. Por esta razón tuvo que sortear la censura de su orden religiosa y firmar con el nombre de su hermano: Lorenzo.

La obra de Baltasar Gracián no es muy extensa. Se compone de ‘El héroe’ (1637), ‘El político don Fernando el católico’ (1640), ‘El discreto’ (1646), ‘Oráculo manual y arte de prudencia’ (1647), ‘Agudeza y arte de ingenio’ (1648), ‘El criticón’ (publicado en tres partes: 1650, 1653 y 1657) y ‘El comulgatorio’ (1655). En vida vio cómo su opera prima era traducida al francés y, para su satisfacción, se encontró en la biblioteca de Felipe IV; pero no fue hasta una centuria después de su muerte que su nombre alcanzó gran repercusión. Se sabe que el ‘Oráculo manual’ influyó en los moralistas franceses La Rochefoucauld y La Bruyère, así como en los filósofos germanos Schopenhauer y Nietzsche. El primero de ellos, confeso admirador de la obra graciana, lo tradujo al alemán en 1861, y manifestó que ‘El criticón’ era el mejor libro que se había escrito. Como les sucede a otros muchos autores, Baltasar Gracián es más apreciado fuera del país que lo vio nacer que dentro.

Es difícil encontrar un escritor que maneje el lenguaje con la maestría del aragonés. En sus manos, las palabras fluían dúctiles y maleables como la arcilla. Otro de los pocos retratos que se conservan del jesuita.A su apabullante dominio de las figuras retóricas hay que añadir un ingenio buido y penetrante. En los aforismos que vienen a continuación se puede observar un amplio abanico de tropos de todas las clases. Los más usados por Gracián son el retruécano, al que también era muy aficionado don Miguel de Unamuno, la paronomasia y la aliteración, sin olvidar otros recursos complementarios como la polisemia y la anfibología. Estos juegos de palabras, que sin duda exigen un notable esfuerzo de comprensión por parte del lector –con Gracián no hay lectores pasivos–, se encuentran en todos los géneros que cultivó, que no son pocos: la fábula, el apólogo, el apotegma, el panegírico, la sátira, la alegoría, el emblema, etc.

El ideal de Gracián es el varón sabio y discreto. Aunque a menudo se valga de ejemplos de héroes de la Historia y de la Mitología para reafirmarse en sus creencias, como Alejandro Magno o Hércules, sus consejos son aptos para todo aquel individuo sensato y audaz que quiera conocer mejor a sus congéneres para prosperar en sociedad. Visto así, sus obras tienen mucho de ensayos sobre psicología. Desde su torreón pesimista, el perspicaz jesuita oteaba la naturaleza del alma humana y extraía sus conclusiones para provecho de sus, por más que escasos, agradecidos lectores.

He aquí una buena representación de su talento. Los aforismos están ordenados alfabéticamente por categorías temáticas, algunas de ellas formadas por dicotomías.

  1. Abundancia / Singularidad
  1. Todo lo muy bueno fue siempre poco y raro; es descrédito lo mucho. Aun entre los hombres, los gigantes suelen ser los verdaderos enanos. Estiman algunos los libros por la corpulencia, como si se escribiesen para ejercitar antes los brazos que los ingenios.
  2. Lo bueno, si breve, dos veces bueno y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintaesencias que fárragos y es verdad común que el hombre largo pocas veces entendido.
  3. La costumbre disminuye la admiración y una mediana novedad suele vencer a la mayor eminencia envejecida.
  4. No ha de ser única la dependencia, ni se ha de estrechar a una cosa sola, aunque singular.
  5. No hay cosa no tenga algo bueno y más si es libro, por lo pensado.
  6. Más se estima el tibio sí de un varón singular que todo un aplauso común, porque regüeldos de aristas no alientan.
  1. Amistad / Enemistad
  1. Métense a querer dar gusto a todos, que es imposible, y vienen a disgustar a todos, que es más fácil.
  2. Aun de los amigos no se ha de abusar, ni quiera más de ellos de lo que le concedieren. Todo lo demasiado es vicioso y mucho más en el trato.
  3. Al varón sabio más le aprovechan sus enemigos que al necio sus amigos. Fabricáronles a muchos su grandeza sus malévolos. Más fiera es la lisonja que el odio, pues remedia éste eficazmente las tachas que aquélla disimula.
  4. Es definido uno por los amigos que tiene, que nunca el sabio concordó con ignorantes.
  5. No hay desierto como vivir sin amigos. La amistad multiplica los bienes y reparte los males, es único remedio contra la adversa fortuna y un desahogo del alma.
  6. No se han de dar armas a los tránsfugas de la amistad, que hacen con ellas la mayor guerra.
  7. El que comunicó sus secretos a otro hízose esclavo de él y en soberanos es violencia que no puede durar.
  8. No se ha de apurar el agradecimiento, que, en viéndose imposibilitado, quebrará la correspondencia. No es menester más para perder a muchos que obligarlos con demasía; por no pagar se retiran y dan en enemigos, de obligados. El ídolo nunca querría ver delante al escultor que lo labró; ni el empeñado, su bienhechor al ojo. Gran sutileza del dar, que cueste poco y se desee mucho, para que se estime más.
  9. De los amigos maleados salen los peores enemigos; cargan con defectos ajenos el propio en su afición.
  1. Apariencia
  1. Las cosas comúnmente no pasan por lo que son, sino por lo que parecen. Son raros los que miran por dentro y muchos los que se pagan de lo aparente.
  2. Por lo exterior se viene en conocimiento de lo interior y por la corteza del trato sacamos el fruto del caudal, que aun a la persona que no conocemos por el porte la juzgamos.
  3. Hay sujetos de una sola fachata, como casas por acabar, porque faltó el caudal: tienen la entrada de palacio y de choza la habitación. No hay en éstos dónde parar, o todo para, porque, acabada la primera salutación, acabó la conversación.
  4. El ver guisar el manjar más regalado sirve antes de asco que de apetito. Recátese, pues, todo gran maestro de que le vean sus obras en embrión; aprenda de la naturaleza a no exponerlas hasta que puedan parecer.
  1. Astucia
  1. Nunca juega el tahúr la pieza que el contrario presume y menos la que desea.
  2. El decir mal de una cosa se tiene por estimación de ella, que el que la quiere para sí la desacredita para los otros.
  3. Gózanse las cosas ajenas con doblada fruición, esto es, sin el riesgo del daño y con el gusto de la novedad.
  4. Siempre se ha de llevar la boca llena de azúcar para confitar palabras, que saben bien a los mismos enemigos. Gran sutileza del vivir, saber vender el aire.
  1. Cordura / Locura
  1. Hállanse otros que tienen destemplado el juicio en unas cosas y en otras muy en su punto, pero lo ordinario es que el que tiene depravada la raíz lleve desazonado todo el fruto.
  2. Tiénese por agravio el disentir, porque es condenar el juicio ajeno.
  3. Débese a todos el que se paga de sí mismo. Querer hablar y oírse no sale bien; y si hablarse a solas es locura, escucharse delante de otros será doblada.
  1. Cortesía
  1. Llene la cortesía el vacío del favor y suplan las buenas palabras la falta de las obras. El no y el sí son breves de decir y piden mucho pensar.
  2. Llegue deseado y será bien recibido. Nunca venga sino llamado, ni vaya sino enviado.
  1. Desengaño
  1. Nunca lo verdadero pudo alcanzar a lo imaginado, porque el fingirse las perfecciones es fácil y muy dificultoso el conseguirlas. La esperanza es gran falsificadora de la verdad: corríjala la cordura, procurando que sea superior la fruición al deseo.
  2. Si nada hay que desear, todo es de temer: dicha desdichada; donde acaba el deseo, comienza el temor.
  1. Envidia
  1. Es la Envidia pegajosa, siempre halla de qué asir, hasta de lo imaginado. Fiera crudelísima, que con el bien ajeno hace tanto mal a su dueño propio.
  2. Achaques de arpía son los de la Envidia, que todo lo inficiona y, a fuer de basilisco, su mirar es matar.
  3. No muere de una vez el envidioso, sino tantas cuantas vive a voces de aplausos el envidiado, compitiendo la perennidad de la fama del uno con la penalidad del otro. El clarín de la fama, que toca a inmortalidad al uno, publica la muerte para el otro, sentenciándole al suspendio de tan envidiosa suspensión.
  4. Todos codician, con descontento de la propia, la felicidad ajena. También alaban los de hoy las cosas de ayer y los de acá las de allende. Todo lo pasado parece mejor y todo lo distante es más estimado.
  1. Inconstancia
  1. Ésa es la infelicidad de nuestra inconstancia. No hay dicha, porque no hay estrella fija de la Luna acá; no hay estado, sino continua mutabilidad en todo. O se crece o se declina, desvariando siempre con tanto variar.
  2. Las cosas que se han de hacer no se han de decir y las que se han de decir no se han de hacer.
  3. Es fácil el decir y difícil el obrar. La eminencia en los hechos dura, en los dichos pasa.
  1. Maldad / Bondad
  1. Puede el león enseñar a muchos galantería, que las fieras se humanan cuando los hombres se enfierecen, y si degeneraron tal vez fue (a ponderación de Marcial) por haberse maleado entre los hombres.
  2. Si la desigualdad fuera de lo malo a lo bueno fuera buena, y si de lo bueno a lo mejor, mejor; pero comúnmente consiste en deteriorarse, que el mal siempre lo vemos de rostro y el bien de espaldas. Los males vienen y los bienes van.
  3. La intención malévola es un veneno de las perfecciones y, ayudada del saber, malea con mayor sutileza. Ciencia sin seso, locura doble.
  4. Nunca se le ha de abrir la puerta al menor mal, que siempre vendrán tras él otros muchos, y mayores, en celada.
  5. No despreciar el mal por poco, que nunca viene uno solo. Andan encadenados, así como las felicidades. Van la dicha y la desdicha de ordinario adonde más hay; y es que todos huyen del desdichado y se arriman al venturoso.
  6. No ser malo de puro bueno. Eslo el que nunca se enoja: tienen poco de personas los insensibles. No nace siempre de indolencia, sino de incapacidad.
  1. Sabiduría / Necedad
  1. Hay algunos, y los más, que para una cosa sola los habéis de buscar, porque no valen para dos; hay otros que siempre se les ha de tocar un punto y hablar de una materia: no saben salir de allí, hombres de un verbo, Sísifos de la conversación que apedrean con un tema.
  2. Cuanto más saben algunos de los otros, de sí saben menos, y el necio más sabe de la casa ajena que de la suya, que ya hasta los refranes andan al revés. Discurren mucho algunos en lo que nada les importa y nada en lo que mucho les convendría.
  3. Mas cuando dos de una misma malhumorada impertinencia topan y se empeñan, estése a la mira el varón cuerdo, no tercie, que yo le afianzo el mejor rato, con tal que asegure su partido y mire desde la talanquera de su cordura los toros de la necedad ajena.
  4. Pasión es de necios el ser muy diligentes, porque como no descubren los topes obran sin reparos, corren porque no discurren y, como no advierten, tampoco advierten que no advierten, que quien no tiene ojos para ver, menos los tendrá para verse.
  5. Tanto es uno cuanto sabe y el sabio todo lo puede. Hombre sin noticias, mundo a oscuras.
  6. La necedad siempre entra de rondón, que todos los necios son audaces [...]; pero la cordura entra con grande tiento. Conviene ir detenido donde se teme mucho fondo; vaya intentando la sagacidad y ganando tierra la prudencia. Hay grandes bajíos hoy en el trato humano: conviene ir siempre calando sonda.
  7. Es muy fácil de cobrar la siniestra fama, porque lo malo es muy creíble y cuesta mucho de borrarse. Excuse, pues, el varón cuerdo estos desaires, contrastando con su atención la vulgar insolencia, que es más fácil el prevenir que el remediar.
  8. No es necio el que hace la necedad, sino el que, hecha, no la sabe encubrir.
  9. Hase de vivir con otros y los ignorantes son los más. Para vivir a solas ha de tener o mucho de Dios o todo de bestia.
  10. Con los necios poco importa ser sabio y con los locos cuerdo: hásele de hablar a cada uno en su lenguaje. Para ser bienquisto, el único medio, vestirse la piel del más simple de los brutos.
  1. Seriedad / Bromear
  1. El que siempre está de burlas nunca es hombre de veras. No hay mayor desaire que el continuo donaire. Su rato han de tener las burlas, todos los demás las veras.
  2. Que es de ver uno de estos destemplados de agudeza, siniestros de ingenio, chancear aun en la misma muerte, que si los sabios mueren como cisnes, éstos como grajos, gracejando mal y porfiando.
  3. Otros hay que en España visten a lo francés y en Francia a lo español y no falta quien en la campaña sale con golilla y en la corte con valona, haciendo de esta suerte celebrados matachines, como si necesitase de sainetes la fisga.
  4. Hacen otros de una gracia atajo al desempeño, que hay cosas que se han de tomar de burlas y, a veces, las que el otro toma más de veras.
  1. Sinceridad / Mendacidad
  1. Es el oído la puerta segunda de la verdad y principal de la mentira. La verdad ordinariamente se ve, extravagantemente se oye: raras veces llega en su elemento puro y menos cuando viene de lejos: siempre trae algo de mixta, de los afectos por donde pasa; tiñe de sus colores la pasión cuanto toca, ya odiosa, ya favorable.
  2. El no creer es indicio del mentir, porque el mentiroso tiene dos males: que ni cree ni es creído.
  3. No todas las verdades se pueden decir: unas porque me importan a mí, otras porque al otro.
  4. No hay cosa más fácil que engañar a un hombre de bien. Cree mucho el que nunca miente y confía mucho el que nunca engaña. No siempre procede de necio el ser engañado, que tal vez de bueno. Sea uno mixto de paloma y de serpiente; no monstruo, sino prodigio.
  1. Vida / Muerte
  1. La misma Filosofía no es otro que meditación de la muerte, que es menester meditarlas muchas veces antes para acertarla hacer bien una sola después.
  2. Hay mucho que saber y es poco el vivir y no se vive si no se sabe.
  3. La muleta del tiempo es más obradora que la acerada clava de Hércules.
  4. Es dificultoso llenar un gran vacío, porque siempre lo pasado pareció mejor.
  5. Para vivir mucho es arbitrio valer poco; la vasija quebrantada es la que nunca se acaba de romper, que enfada con su durar.
  6. Unos mueren porque sienten y otros viven porque no sienten. Y así, unos son necios porque no mueren de sentimiento y otros lo son porque mueren de él. De suerte que unos mueren de entendedores y otros viven de no entendidos; pero, como morir muchos necios, pocos necios mueren.
  7. La capacidad y grandeza se ha de medir por la virtud, no por la fortuna.
  8. Las cosas que son más para olvidadas son las más acordadas. No sólo es villana la memoria para faltar cuando más fue menester, pero necia para acudir cuando no convendría: en lo que ha de dar pena es prolija y en lo que había de dar gusto es descuidada.

Tags: Baltasar Gracián, aforismos, Oráculo Manual y Arte de Prudencia, El Discreto, Agudeza y Arte de Ingenio, Arthur Schopenhauer.

subir

Óscar Bartolomé

Sobre El Parnasillo

Sobre El Parnasillo
El Parnasillo es una página cultural con un recorrido de más de 10 años donde podrás leer críticas cinematográficas y análisis fílmicos y de series de televisión.
Con el tiempo también fui dando cabida a otros géneros literarios como el relato, los aforismos y la poesía, hasta convertirse en la plataforma o revista multicultural que es hoy en día.
Ir Arriba