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Aforismo

Series de televisión
Portada de la serie Hannibal, de Bryan Fuller, con Mads Mikkelsen.

Hannibal, una serie de Bryan Fuller con Mads Mikkelsen

Debo confesar que de un tiempo a esta parte veo muchas más series que películas y que disfruto mucho más viéndolas. Las series, que hasta hace poco eran consideradas el hermano pobre del cine, han experimentado un salto de calidad tan grande que ahora mismo, en mi opinión, están muy por encima de su hermano mayor. Hay buenas razones para creerlo, como por ejemplo que un mayor metraje permite un mayor desarrollo en el perfil psicológico de los personajes (un personaje de la complejidad de Walter White no se podría crear en noventa minutos, ni su evolución psicológica resultaría creíble). Y no sería descabellado afirmar que los mejores guionistas del momento trabajan en las series, y que cada vez más actores se han pasado a la pequeña pantalla y han encontrado allí su lugar, ese lugar que el cine nunca les concedió o sólo de forma efímera. Baste pensar en Jessica Lange en ‘American Horror Story’, en William H. Macy en ‘Shameless’ o en Matthew McConaughey en ‘True Detective’, actores a los que las series han dado una segunda oportunidad, la oportunidad de redimirse y de demostrar que eran buenos actores y no unos simples secundarios, o unas caras bonitas (en el caso de este último) o que las arrugas y el inexorable paso del tiempo no eran un obstáculo insalvable para su lucimiento.

Trepidante escena de lucha entre Hannibal y el agente del FBI Jack CrawfordLa secuencia inicial de la segunda temporada de ‘Hannibal’, de Bryan Fuller, es probablemente lo más bello y salvaje que he visto desde aquella pelea en la sauna de ‘Promesas del Este’, de David Cronenberg, y curiosamente, en ambas el protagonista es un actor danés; en aquélla era Viggo Mortensen, y en ésta, Mads Mikkelsen. La carne cortada, los reflejos en el filo del cuchillo, la cámara lenta, los primeros planos de los rostros de los dos contendientes (irónico, despectivo y retador el de Hannibal; traicionado y algo temeroso el del agente Crawford), los efectos sonoros (algo que maneja el director con absoluta maestría, y que acrecientan la sensación de náusea y mareo) y, por supuesto, la coreografía de esa pelea a vida o muerte son espectaculares, dignos de figurar en cualquier antología de inicios trepidantes, de ésos que te dejan sin resuello. Fue todo un acierto por parte del showrunner Bryan Fuller empezar esta segunda temporada con un flash-forward de lo que probablemente veremos en el último capítulo, pues no se me ocurre mejor manera de avivar el interés del espectador, como también es un acierto titular cada capítulo con el nombre de un plato típico de una gastronomía reputada; si en la primera temporada era francés, en la segunda es japonés.

Mads Mikkelsen borda el papel de Doctor Hannibal Lecter. Su caracterización y su interpretación son tan excelsas que hace empequeñecer al resto del reparto, sobre todo al coprotagonista Hugh Dancy, en ocasiones demasiado histriónico o forzado. Mikkelsen transmite en cada gesto, en cada expresión, en cada mueca, en esa sonrisa ladeada y sardónica, la inteligencia brillante y despiadada de un depredador que acecha a sus víctimas camuflado en su entorno (siempre impecablemente vestido con chaleco, corbata y traje de raya diplomática), esa ambigüedad moral que infunde sospechas al mismo tiempo que las disipa, ese pétreo sosiego, ese rostro imperturbable e impenetrable como una máscara de cera, esa calma tan turbadora que nunca sabes cuándo va a estallar, esa elegancia en el porte y en el habla que le hacen tan fascinante como aterrador. Definitivamente, Mads Mikkelsen es Hannibal Lecter.El actor danés Mads Mikkelsen compone un perfecto y creíble retrato del Doctor Hannibal Lecter.

Su rival en esta escena, el fornido agente Jack Crawford, está interpretado con empaque por Laurence Fishburne, otro actor redimido por las series, y que en nuestra memoria colectiva siempre será Morfeo, de ‘Matrix’. Prácticamente no había vuelto a verle desde aquella célebre trilogía, y ha ensanchado tanto desde entonces que parece que se ha comido a Neo y Trinity y que en realidad el caníbal es él y no Hannibal; o quizás la causa esté en que es frecuente comensal en la mesa del doctor Lecter (y a saber a cuántas de las víctimas cuyo asesinato investiga se habrá comido sin tener la menor idea, tragándose las pruebas que con tanto ahínco busca; y es que no deja de tener gracia que los trofeos cinegéticos de Hannibal son el precioso bocado con el que alimenta a su amigo el inspector). De ahí el socarrón diálogo que mantienen en este primer capítulo titulado Kaiseki:

La presentación de este plato es tan bella que casi me da pena comérmelo”. A lo que Hannibal le responde, sin inmutarse: “Yo nunca he sentido pena de comerme nada”.

Nunca sabes qué contienen esos platos tan suculentos que el Doctor Hannibal Lecter prepara con tanto esmero y con los que agasaja a sus invitados.El hecho de que el espectador sepa desde un principio que Hannibal es un asesino en serie y que los personajes que le rodean lo desconozcan por completo es un punto que los guionistas han sabido explotar a la perfección, y lo que podía haber sido un lastre, por la pérdida de interés que podría acarrear a la larga, es un acicate. En este sentido, esas conversaciones de diván que mantiene con su terapeuta (bien interpretada por Gilliam Anderson, ahora también en boca de todos gracias a la aclamada ‘The Fall’), en las que no se sabe bien cuánto o hasta qué punto le conoce, o si es consciente de que su paciente es un asesino caníbal y lo oculta por secreto profesional o quién sabe por qué otra misteriosa razón, son magníficas. ¿Es su psiquiatra? ¿Es su confidente? ¿Es su cómplice? Hay un trasfondo detrás de las relaciones que unen a los personajes que abren muchos interrogantes, y nosotros, los espectadores, vamos conociendo las respuestas a cuentagotas. La serie siempre se mueve por esa resbaladiza superficie de ambigüedad moral que la hace tan atractiva y sugerente, y que consigue lo que parece casi imposible: que empaticemos con quien carece de toda empatía, Hannibal Lecter, quien personifica la irresistible atracción de una inteligencia proterva y sin límites morales, con esa maldad que se manifiesta en todas sus formas, desde las más artísticas a las más grotescas, y de las que la haute cuisine es su expresión más singular y jugosa. Por otra parte, también sabemos que aunque Hannibal sea un consumado maestro en la ocultación de pruebas, en algún momento él mismo se delatará (sólo cuando él quiera, pues es demasiado perfeccionista como para cometer un error o dejar una evidencia inculpatoria), pues es sabido que todo psycho-killer quiere que le atrapen cuando ya se ha cansado de jugar con la policía, y que en el fondo ansía ese afán de notoriedad de mostrar al mundo la genialidad de sus obras, a la postre su último gran trofeo.

Con todo, algo que me llama poderosamente la atención de Hannibal Lecter es que, a pesar de su falta de empatía, siente una verdadera inclinación, un afecto auténtico y sincero por Will Graham, a quien admira en tal grado y con tal obsesión que disfruta metiéndose en su piel. No importa que él le acuse de cometer aquellos asesinatos por los que fue condenado (asesinatos que, obviamente, él no cometió) y que le odie y se sienta enfermo ante su sola presencia (cada vez que Will está cerca de Hannibal su cabeza se inunda de imágenes oníricas), que éste le sigue viendo como su amigo. Es difícil encontrar una pincelada tan naïf en una personalidad tan psicótica y manipuladora, pero eso en cierto modo le humaniza. Por otra parte, a Hannibal no parece importarle mucho ser investigado por el FBI; es más, disfruta jugando con ellos, ayudándoles cuando quiere y proporcionándoles pistas falsas cuando la situación así lo requiere.

En Hannibal abundan las secuencias oníricas, sobre todo cuando Will Graham está en presencia del Doctor Lecter.Obviamente, ‘Hannibal’ no es una serie para todos los gustos y paladares, y entiendo que algunas sensibilidades no puedan resistir el visionado de sus escenas macabras, pero nadie puede discutirle su belleza formal y su hipnótico atractivo, amén de la introspección psicológica presente en sus diálogos y de su onírica, preciosista y en ocasiones decadente puesta en escena (por cierto, ¿nadie se ha dado cuenta de la similitud en la presentación de los cadáveres de ‘True Detective’ y ‘Hannibal’, con esas mujeres atravesadas por cornamentas de ciervos?).

Lo siento, Anthony Hopkins, pero desde ahora para mí Hannibal Lecter siempre tendrá el céreo rostro de Mads Mikkelsen.

Para ver la secuencia completa de la pelea entre Hannibal y el agente Crawford, seguir este enlace de Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=RVdHcnP-M_k.

Tags: Hannibal serie, Bryan Fuller, Mads Mikkelsen, doctor Hannibal Lecter, caníbal, Laurence Fishburne, agente Jack Crawford, Hugh Dancy, Gilliam Anderson, Anthony Hopkins, escena pelea, inicio segunda temporada.

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Óscar Bartolomé

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