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Críticas cinematográficas y análisis fílmicos
Cartel de 'Joker', película de 2019 protagonizada por Joaquin Phoenix.

Joker, la película (2019), crítica y análisis psicológico del personaje interpretado por Joaquin Phoenix

Aunque no frecuento tanto las salas de cine como antes, me decidí ir a ver ‘Joker’, la película de Todd Phillips protagonizada por Joaquin Phoenix, por el aluvión de buenas críticas recibidas tras su paso por el Festival de Cine de San Sebastián.

Ahora, una vez vista, puedo decir que esas críticas son justas y bien merecidas. ‘Joker’ es una excelente aproximación al villano de DC, que siempre había sido relegado a una condición de secundario en las películas de Batman, ya fuera en las de Tim Burton o en las de Christopher Nolan. En esta ocasión, al ser el protagonista absoluto de la función, su director ha podido profundizar en su compleja psique, en sus motivaciones y en esa personalidad tan proteica como caricaturesca, de personaje de la Commedia dell’Arte.Joaquin Phoenix forzando la sonrisa de Arthur Fleck, el Joker

Y qué decir de la caracterización e interpretación de Joaquin Phoenix. Es soberbia, antológica. Se adueña del personaje desde el primer plano, desde la primera carcajada, y te hunde y te arrastra en la miseria de su frágil existencia como si te arrojaran al mar con unas piedras atadas a los pies. En mi memoria él es y será la imagen de Joker a partir de ahora, por más que Jack Nicholson y Heath Ledger hicieran una encomiable labor interpretativa.

Recientemente se ha sabido que el excéntrico actor y cantante Jared Leto, quien ya interpretara al Joker en la fallida película 'Escuadrón Suicida', intentó impedir que Joaquin Phoenix se hiciera con el papel que había soñado para sí mismo, hasta el extremo de intentar boicotear el film. Una vez visto el resultado, se hace difícil de creer que Leto hubiera podido ofrecernos un Joker tan completo y complejo.

No me agrada mucho que a los actores que sufren una radical transformación física o que interpretan a un personaje con taras mentales se les obsequie sólo por esa razón con todo tipo de premios, incluido el Oscar al Mejor Actor, pero en este caso creo que Joaquin Phoenix se merece todos los reconocimientos y elogios que le puedan llegar de la crítica.

Cuentan que perdió 23 kilos para meterse en este papel, y que esa dieta le enloqueció. Supongo que ese sufrimiento le sirvió para dar más empaque al personaje. Quien conoce el arte desde dentro sabe que duele. La verdad es que su figura (pálida, huesuda y deforme, con unos omóplatos como desencajados que le hacen chepa) te provoca una mezcla entre repelús y ternura. Cuando baila con el torso desnudo esta mórbida sensación aún se acrecienta. En el caso del Joker, está claro que cuerpo y mente van unidos, que uno es un reflejo del otro, su enfermiza delgadez de su mente enferma.

En una reciente entrevista, Joaquin Phoenix reconoció que para meterse en la piel de Joker vio un montón de vídeos de Youtube de gente con risas nerviosas e incontenibles. Eso es lo que haría un actor del método. Asimismo, para el ya famoso baile del Joker se inspiró en la coreografía de 'The Old Soft Shoe', de Ray Bolger (el Espantapájaros en 'El Mago de Oz').

El baile del Joker

🤡 Análisis psicológico del Joker

Sin duda, el Joker es carne de manual de psiquiatría y sujeto digno de un análisis psicológico en profundidad. ¿Pero cuál es la enfermedad mental que padece Arthur Fleck y que a la postre le llevará a convertirse en el Joker?, muchos se preguntarán. Probablemente converjan más de un trastorno en su figura, pero concretamente el que provoca esos estallidos de risa incontrolables se conoce como epilepsia gelástica, y está causado por una malformación congénita en el hipotálamo que tiene muy difícil cura y que, por lo general, se trata con medicación. Joaquin Phoenix hace una gran interpretación como el Joker, un personaje con graves trastornos psicológicos

Otro trastorno de tipo neuronal y afectivo que podría provocar esa risa patológica es la llamada labilidad emocional o síndrome pseudobulbar. Asimismo, en el Joker concurren la psicosis antisocial y el trastorno límite de la personalidad.

¿Soy yo, o el mundo se está volviendo loco?

¿Es la locura una enfermedad contagiosa? Se nos presenta una sociedad, Gotham City, enferma, y una madre loca, ergo (silogismo perfecto) Arthur deviene un ser loco y enfermo. Parece el caldo de cultivo ideal para perder la cordura y acabar trastornado. Y sin embargo, el retrato inicial de Arthur, antes de que las circunstancias le lleven a convertirse en el Joker, es el de una persona desarraigada, con problemas psicológicos, sí, pero con un fondo de bondad y ternura. Incluso su entonación y su dicción (una vez más, genial la interpretación de Joaquin Phoenix, y razón de más para ver la película en VOS) son las de un hombre con mentalidad infantil, o, dicho con otras palabras, las de un niño atrapado en el cuerpo de un hombre (pero, recordemos, los niños también pueden ser violentos).

Todos viven atrapados en una mentira. ¿Es Thomas Wayne el padre de Arthur, como cree ciegamente Penny, su madre? ¿Es Bruce Wayne su hermanastro? Es de un simbolismo mágico cómo el Joker dibuja una sonrisa en la cara de un Batman aún niño. Aunque Thomas Wayne acusa al Joker de ser un cobarde por esconderse detrás de una máscara, lo cierto es que el Joker es el único que no se esconde; su máscara es su verdadero rostro.

Lo peor de tener una enfermedad mental es que la gente espera que actúes como si no la tuvieras.

En esta desgarradora frase que Arthur anota en su diario o libreta de chistes (con unos extraños recortes de cuerpos desnudos) se resumen todo el drama y el conflicto del protagonista, un niño que sufrió abusos y un hombre invisible al que la sociedad da la espalda, que sólo se siente cómodo vestido de payaso, su verdadera piel. Porque los payasos se rigen por otras normas de conducta y se les permite ser excéntricos, aunque a veces den miedo. Los payasos escoden lo que la sociedad quiere que sean bajo capas de maquillaje y, así caracterizados, pueden ser ellos mismos, sin temor al qué dirán. Los payasos actúan para los niños porque son como niños, seres primigenios, ajenos a los convencionalismos.

Antes pensaba que mi vida era una tragedia, pero ahora me he dado cuenta de que es una comedia.

Le dice Arthur a su madre convaleciente momentos antes de asfixiarla. Y así Arthur emprende un viaje sin retorno hasta convertirse en el Joker, abrazando su verdadera naturaleza, no reprimiéndola. ¿O acaso no es justo entonces, cuando deja de ser Arthur Fleck (nombre que nunca le gustó) para erigirse en el Joker cuando se le ve más sano y alegre? Arthur, su crisálida, era un ser oscuro, retraído, delgado, huesudo y enfermizo, mientras que el Joker es un personaje hilarante que resplandece como si estuviera iluminado por las candilejas, como los actores cómicos y los bailarines de los musicales que tanto le gustan (su mirada extasiada contemplando a Charlot en 'Tiempos Modernos').Una de las escenas más icónicas de la película: Joker bailando en las escaleras.

En ese sentido, la secuencia del baile triunfal a cámara lenta en las escaleras (una parodia, a mi entender, de los famosísimos escalones del Museo de Arte de Filadelfia en ‘Rocky’) con la canción Rock & Roll Part II de Gary Glitter, representa con gran acierto este renacer. Por cierto, que los vecinos del Bronx están hartos de la peregrinación de turistas y curiosos que van a sacarse fotos a estas escaleras imitando el baile del Joker, en lo que ya se ha convertido en reto viral: el "Joker Challenge". La estupidez humana no conoce límites.

🤡 El Joker y la música

Y es que la banda sonora de 'Joker', la película, está muy bien escogida, con canciones cuya letra se funde perfectamente con la trama, como 'Laughing', de The Guess Who; 'Smile', de Jimmy Durante; o 'Cream', de White Room. Son canciones que lo mismo invitan a alegría que a la tristeza, a la risa que al llanto. Y la música instrumental de Hildur Guðnadóttir, violoncelista y compositora islandesa y artífice, asimismo, de la inquietante banda sonora de la aclamada miniserie 'Chernobyl' (otro producto cultural que ha causado furor y ha fomentado la fiebre por un turismo macabro), ahonda en esa bipolaridad. La relación entre la música y la enfermedad mental ha sido tratada en muchas películas, como 'Shine', en la que Geoffrey Rush interpreta al pianista David Helfgott.

Los monólogos de humor en ese local stand-up comedy, Pogo’s (muy apropiado nombre, por cierto, con guiño macabro al asesino en serie John Wayne Gacy), son un buen caldo de cultivo para que empiece a forjarse la personalidad del Joker, alguien que hace de la risa, su enfermedad (aquello que para el común de los mortales significa alegría), una válvula de escape y su sello de autor y firma criminal.

Y como no podía ser de otra manera, acaba ingresando en el mítico manicomio Arkham, por donde pasan casi todos los villanos de Gotham tarde o temprano.

Mi madre siempre me dice que sonría y ponga cara de felicidad; me dijo que yo tenía una misión: hacer reír y alegrar al mundo

Le cuenta un inocente Arthur a Murray Franklin en su fantasía. Y al final su manera de hacer reír es sembrando el caos, la muerte y la destrucción. Es la única manera de que le escuchen.

A semejanza de Batman, que se rige por un férreo código moral, su bushido, el Joker también imparte su propio sentido de la justicia. No en vano, ambos son tildados de justicieros (vigilante, en inglés) por la prensa, que los ve como una amenaza, aunque el pueblo llano, la clase desfavorecida, les aclame. No se puede decir que ninguna de las víctimas del Joker fuera completamente inocente.

🤡 De héroe a villano

Es curioso lo rápido que uno puede pasar de héroe a villano, como la madre de Arthur, Penny (Frances Conroy, que siempre tiene ese punto de extravío en la mirada), que de madre abnegada, una mártir, pasa a consentidora de abusos. Y Thomas Wayne, el millonario padre de Bruce, tampoco sale bien parado en esta película. Aquí no es un magnate filantrópico, sino un ricachón que trata con altivez y desprecio a los desfavorecidos. ¿El chiste final de Joker tenía que ver con Bruce Wayne y Batman? Eso parece significar el inserto donde Joe Chill dispara a quemarropa a sus padres (y le roba el collar de perlas a su madre).Joker convirtió la tragedia de su vida en una comedia

Hay un símil o analogía cinematográfica muy evidente en ‘Joker’ que todo buen cinéfilo habrá apreciado. En su alienación y psicosis que le lleva a imaginase y vivir en una realidad paralela y a hablar consigo mismo, Arthur Fleck se asemeja a Travis Bickle, el protagonista de ‘Taxi Driver’ (quien fuera interpretado por Robert De Niro; aquí Murray Franklin, presentador de un late night de éxito; ídolo de Arthur, primero, y más tarde víctima de su ira). El homenaje con el repetido gesto de pegarse un tiro en la sien es más que evidente.

En sus delirios televisivos (el cóctel pastillas y barbitúricos nunca falla), Arthur también me recuerda al personaje de Ellen Burstyn en ‘Réquiem por un sueño’, de Darren Aronofsky. Ambos fantasean con aparecer como invitados en los programas que tanto admiran, sueño que finalmente Arthur verá cumplido.

Disfrazado de payaso y apaleado por un grupo de niños en un sucio callejón, cuesta creer que el temido villano y antagonista por excelencia de Batman tuviera unos orígenes tan humildes y alejados del mundo del hampa, adonde las circunstancias de la vida le conducirán de manera ineluctable tras recibir el regalo envenenado de un revólver que al principio ni siquiera sabía usar (primer detonante).

Al final el Joker es un producto de la sociedad (de una sociedad igualmente enferma), de ese Gotham donde prosperan la desigualdad y el crimen (y las superratas). No en vano, uno de los detonantes (el segundo) de su metamorfosis es el cierre de los Servicios Sociales y la consecuente denegación de sus medicamentos, que deja de tomar a la fuerza. La sociedad engendró al monstruo que luego acabó por devorarla.

Tráiler de Joker (la película) en VO

Tags: Joker, Joaquin Phoenix, Todd Phillips, Batman, Gotham, Robert De Niro, enfermedad mental, risa, análisis psicológico.

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Óscar Bartolomé

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