Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información

Aforismo

Críticas cinematográficas y análisis fílmicos
Cartel de 'My Blueberry Nights', una película de Wong Kar-wai.

'My Blueberry Nights', una película de Wong Kar-wai

Cuando un director proveniente de una cinematografía exótica o periférica, como puede ser la china, decide rodar una película en suelo americano siempre se disparan las suspicacias sobre su venta al país del dólar. En estos casos se presume una renuncia voluntaria a un estilo independiente que le hizo acreedor del aplauso de la crítica en favor del apoyo de los grandes estudios, para llegar así al gran público y obtener con ello pingües beneficios. Esto fue, poco más o menos, lo que le ocurrió en su día a Ang Lee, director de probado talento que ahora, con ‘Deseo, peligro’, parece haber vuelto a sus orígenes, y es lo que le acaba de suceder a su compatriota Wong Kar-wai, ahora que ha rodado una película en EE.UU.: ‘My Blueberry Nights’.

Esta sombra de sospecha, que yo nunca albergué, no tiene ninguna base real una vez vista la película, pues ‘My Blueberry Nights’ es el Wong Kar-wai que todos conocemos, fiel a sí mismo, tanto en su estilo como en su temática.

Los símbolos y las metáforas que han caracterizado desde siempre el cine de Wong Kar-wai siguen vigentes en ‘My Blueberry Nights’, sólo que en esta ocasión sus obsesiones –a saber; la fugacidad del amor y nuestro intento desesperado por retenerlo– no están simbolizadas por el pájaro sin alas que muere al posarse –‘Days of Being Wild’–, ni por el agujero practicado en la pared o en el tronco de un árbol al que se le confiesa un secreto –‘In the mood for love’ y ‘2046’–, como tampoco por ese tren que viaja a un futuro del que nadie regresa para revivir sus amores pasados –‘2046’–. En ‘My Blueberry Nights’ el símbolo es un tarro de cristal, varadero de corazones rotos, donde cada llavero abandonado representa una puerta que se cierra y que se abre al amor. El amor y la soledad, la soledad y el amor, continúan siendo, pues, los ejes centrales de su discurso, con independencia del tiempo y del espacio en que se mueva.

Jude Law interpreta a Jeremy, el dueño de una cafetería.Hay directores que siempre nos cuentan la misma historia, pero nos la cuentan tan bien que siempre parece otra. Esto que sirve para Wong Kar-wai, vale también para otros autores tan ilustres como Terrence Malick, obsesionado ya desde la época de ‘Malas Tierras’ con el descubrimiento del Paraíso y la pérdida de la inocencia, o Yôji Yamada, para quien el honor, el amor y la tradición en conflicto con la modernidad constituyen la columna vertebral de su obra, algo que se observa bien a las claras en ‘El ocaso del samurái’, pero que aún es más notorio, si cabe, por el hecho de llevarlo impreso en su mismo título, en la recién estrenada ‘Love and Honor’.

Aunque Wong Kar-wai se aleje del Hong Kong de los años 60, epicentro de sus recuerdos de juventud, la estética de Nueva York en ‘My Blueberry Nights’ no dista mucho de aquélla: es el mismo paisaje urbano nocturno y lluvioso con trenes y tranvías y luces de neón que rasgan la cortina de silencio que envuelve la noche; es el mismo paisaje sentimental con los mismos seres apesadumbrados, transidos de amor y aislados del mundo bullicioso que engulle sus penas. Y aunque esta vez el director de fotografía no sea su inseparable Christopher Doyle, su sustituto para la ocasión, el virtuoso Darius Khondji –colaborador habitual de Jean-Pierre Jeunet–, demuestra que sabe rodar a la manera de Wong Kar-wai. Los primeros planos de unos zapatos de tacón –el director de ‘Chungking Express’ siempre ha sido un fetichista de los pies femeninos–, así como esas ligeras angulaciones que adopta la cámara partiendo los puntos de fuga, no faltan en ‘My Blueberry Nights’, donde también se nota el toque personal tanto en el vestuario como en el diseño de producción de William Chang, probablemente el miembro del equipo técnico que mejor conoce a Wong Kar-wai.

La elegancia en el filmar de Wong Kar-wai la tienen muy pocos. Es delicioso observar cómo se mueve la cámara a través de los cristales de la cafetería captando cada tenue brillo y cada pálido reflejo que proyectan los rótulos de neón que hay a la entrada del establecimiento. Los movimientos son tan sutiles que casi nos olvidamos de la presencia de la cámara. Más admirable aún es lo bien que utiliza la cámara lenta, un recurso que en manos de otro quedaría efectista o rimbombante, pero que en sus manos produce un aura mágica, como si los personajes andaran de puntillas. Las películas de Wong Kar-wai tienen un tempo propio, diferente al de cualquier otra película. En ellas parece que los sentimientos flotaran en el aire creando una atmósfera densa donde el amor y el humo se entrelazan en volutas evanescentes.

Norah Jones debuta en el cine con 'My Blueberry Nights'.Un dato más que corrobora la autenticidad de ‘My Blueberry Nights’ es que está basado en un cortometraje que Wong Kar-wai realizó en Hong Kong y que protagonizaron sus actores fetiche Tony Leung y Maggie Cheung. Este cortometraje era, en realidad, un capítulo que, junto a otro que posteriormente se convirtió en ‘In the mood for love’, y un tercero, formaban una obra mayor titulada ‘Tres historias acerca de comida’ (‘Three stories about food’).

‘My Blueberry Nights’ es el primer largometraje que Wong Kar-wai rueda en inglés, pero no es la primera película que dirige en América, pues ya lo hizo antes en ‘Happy Together’, rodada casi en su totalidad en Buenos Aires.

El prestigio del que goza Wong Kar-wai lo atestigua el elenco de actores con el que ha contado para su primera incursión en Hollywood, nada menos que Jude Law, Rachel Weisz, Natalie Portman y David Strathairn, además de la cantante Norah Jones, quien nunca pensó en ser actriz y a quien sorprendió la llamada del director hongkonés, un completo desconocido para ella:

No sé qué vio en mí ni dónde lo vio. Cuando recibí la llamada, pensé que quería música para alguna de sus películas. Es raro, porque yo siento que me veía incómoda en todos los videoclips que he hecho.

Lo que la convenció definitivamente para aceptar el papel fue ver ‘In the mood for love’, que la dejó enamorada. Wong Kar-wai confió a fe ciega en ella, hasta el punto de no juzgar necesario que tomara clases de actuación; y aunque ella tenía sus dudas sobre sus dotes interpretativas, está claro que cuando alguien confía en ti, parte de esa seguridad se te contagia. Para ser una debutante, Norah Jones consigue una buena interpretación, y se la ve espontánea, que es lo que Wong Kar-wai esperaba de ella. Su fragilidad e inocencia tienen un punto enternecedor.

En cuanto a Jude Law, derrocha simpatía por los cuatro costados, y podría pasar por el trasunto de Takeshi Kaneshiro en ‘Chungking Express’.

Rachel Weisz, por su parte, vuelve a demostrar que, además de ser un rostro bonito, tiene mucho talento, y que sabe qué papeles le convienen para crecer como actriz. El primer paso para su consagración lo dio con ‘El jardinero fiel’, de Fernando Meirelles, y después se consolidó con ‘La fuente de la vida’, de Darren Aronofsky, su marido, a quien compara con Wong Kar-wai:

Hacer la película fue una experiencia alucinante. Wong es definitivamente un genio. Es un poeta, es como Darren (Aronofsky). Hace películas que nadie más puede hacer. Es su visión, y es algo visionario. No sé si es diferente porque es asiático o sólo porque es verdaderamente él. Es fiel a sí mismo, un director visionario único.

Rachel Weisz está bien dirigida por Wong Kar-wai.‘My Blueberry Nights’ es un recorrido espiritual por la geografía norteamericana a través de la mítica Ruta 66. En ese viaje interior al centro de su corazón, Elizabeth (Norah Jones) conocerá a otros seres dolientes que le harán comprender que no está sola en su desdicha, y que ese amor que se le fue le espera en el mismo lugar del que partió. La película se puede dividir en tres partes bien diferenciadas, siendo la más intensa y desoladora la protagonizada por Rachel Weisz y David Strathairn, metido en el rol de un policía celoso y alcohólico que no puede olvidar a su mujer, y quizá la más liviana e intrascendente sea la de Natalie Portman, que interpreta a una intrépida y engatusadora jugadora de póquer en desavenencias con su millonario padre.

La sabiduría musical de Wong Kar-wai es bien conocida. Es un maestro en fundir la imagen con la música para crear, mediante una alquimia desconocida, un espectáculo de inigualable belleza plástica, a la manera de un ballet operístico. Este buen hacer le acompaña en todos sus trabajos, incluso en los publicitarios, siendo algo así como una marca de autor. Sólo hay que ver esa joyita que es ‘The Follow’, el spot publicitario que rodó para la serie ‘The Hire’ de la marca automovilística BMW, para percatarse de lo ligadas que están la música y la imagen en su cine. Para este corto, protagonizado por Clive Owen y Adriana Lima, contó con la preciosa canción ‘Unicornio’, de Silvio Rodríguez, interpretada por Cecilia Noel; una canción que sólo un melómano puede conocer.

Ahora, por primera vez en mucho tiempo, deja atrás los boleros y los ritmos latinos, que tan buenos resultados le dieran en ‘In the mood for love’, para abrirse paso a la cultura musical estadounidense, en una orgía de jazz, soul y blues. Wong Kar-wai explicó con estas palabras el proceso de gestación de la banda sonora:

Para comprender cómo se puede viajar de un océano a otro, yo mismo hice ese viaje tres veces desde Nueva York a Santa Mónica, por tres rutas diferentes. Cada viaje duraba diez días. Durante 15 horas diarias, el estéreo del coche emitía música que me llevaba al corazón de la película. Estos viajes no sólo dieron forma a ‘My Blueberry Nights’, sino también a su banda sonora.

Natalie Portman, con el pelo teñido de rubio, interpreta a una jugadora de póquer.Las canciones que componen la banda sonora de ‘My Blueberry Nights’, empezando por el tema principal, ‘The Story’, compuesto ex profeso por Norah Jones para el filme, son magníficas. Destacan ‘Harvest Moon’, el clásico de Neil Young interpretado por Cassandra Wilson; ‘Devil’s Highway’, de Hello Stranger; ‘Pájaros’, del compositor argentino Gustavo Santaolalla –galardonado por partida doble por ‘Brokeback Mountain’ y ‘Babel’–; y ‘The Greatest’, de Cat Power (Chan Marshall), a quien Wong Kar-wai le reserva un pequeño papel en la película. Y como broche, una versión en clave de jazz de ‘Yumeji’s Theme’, el precioso tema instrumental compuesto por Shigeru Umebayashi para ‘In the mood for love’. Es un elemento más, el más audible, que subraya la continuidad en la obra de Wong Kar-wai.

El plano final, con ese beso con sabor a tarta de arándanos entre Jude Law y Norah Jones, es la demostración palpable de la exquisita sensibilidad con que está tocado Wong Kar-wai: una toma cenital con los labios de él entrando en campo y acercándose a los labios de ella; una cara mirando hacia un lado y la otra hacia el otro, apoyadas ambas sobre la mesa del mostrador y unidas como dos piezas de un puzzle; el brazo de ella rodeando la cabeza de él en fuera de campo para hacer más memorable el momento del beso; y el beso que se consuma con el inserto de una tarta cremosa y bañada en leche, la misma tarta del plano inicial, y también la misma música: ‘The Story’, de Norah Jones.

Cuentan que cuando ‘My Blueberry Nights’ se presentó en Cannes algunos críticos la tildaron de caramelo vacío, como si debajo de ese bonito envoltorio no hubiera nada. Pues bien, ojalá todos los caramelos vacíos dejaran tan buen sabor de boca como éste.

Tráiler de 'My Blueberry Nights'

Tags: My Blueberry Nights, Wong Kar-wai, Norah Jones, Jude Law, Rachel Weisz, Natalie Portman, David Strathairn, In the mood for love, 2046, Deseando amar, Darius Khondji, Cat Power, The Greatest.

subir

Óscar Bartolomé

Sobre El Parnasillo

Sobre El Parnasillo
El Parnasillo es una página cultural con un recorrido de más de 10 años donde podrás leer críticas cinematográficas y análisis fílmicos y de series de televisión.
Con el tiempo también fui dando cabida a otros géneros literarios como el relato, los aforismos y la poesía, hasta convertirse en la plataforma o revista multicultural que es hoy en día.
Ir Arriba